sábado, 10 de junio de 2017

Novena de San Antonio de Padua. Día séptimo

Imagen de San Antonio de Padua en Menorca. Gracias a Raquel Pol por la fotografía.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

   ¡Amadísimo Protector mío, San Antonio!  Heme aquí a tus pies, plenamente confiado en tu poderosa intercesión.  Mírame con aquel espíritu de dulce y tierna compasión con que mirabas a los pobres. ¡Pobre soy yo, Santo mío!  Véome lleno de miserias.

    La vida para mí es continua lucha. Pan de felicidad, de alegría, de salud, de paz, de virtud... ¡cuánto me hace falta y cuánto espero de tu amorosa protección!  Otórgamela, te lo pido humildemente, para que tu nombre de Taumaturgo sea nuevamente glorificado. Creo en tu poder, espero en tu bondad, amo tu corazón de Padre y bendigo a Nuestro Señor, que te hizo grande en la tierra y en el cielo.

    Amén.

RESPONSORIO

    Si buscas milagros mira muerte y error desterrados, miseria y demonio huidos, leprosos y enfermos sanos. El mar sosiega su ira redímense encarcelados, miembros y bienes perdidos recobran mozos y ancianos. El peligro se retira los pobres van remediados Cuéntenlo los socorridos díganlo los paduanos. El mar sosiega su ira... Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. El mar sosiega su ira... Ruega a Cristo por nosotros Antonio divino y santo; Para que dignos así de sus promesas seamos.

    Amén.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
    Alegre, Señor, a vuestra Iglesia la devota y humilde oración del glorioso San Antonio, vuestro siervo, para que seamos siempre socorridos en esta vida con los auxilios de la gracia y merezcamos conseguir después los gozos eternos de la gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor.

    Amén.

DÍA SÉPTIMO. Reflexión: Pobreza de San Antonio

    Nacido en dorada cuna, ante las sonrisas y halagos del mundo, San Antonio abraza la Orden Franciscana. Hácese hijo de aquel desposado con la dama Pobreza, San Francisco de Asís; y como él, síguela por abrojos y espinas, privaciones y sufrimientos, contento con sus dolorosas y dulces caricias... Su despego del mundo, hizole rico en bienes celestiales. Trocó el oro de la tierra por el oro inestimable del amor divino. Despégate de los bienes terrenos, si verdaderamente quieres salvarte.

EJEMPLO: Hacia el año 1219, nuestro Santo fue encargado de la hospedería del monasterio de los Padres Agustinos. Por aquel entonces, en un paraje de olivares muy cercano al monasterio de los Agustinos, los franciscanos habían fundado un pequeño eremitorio. Uno de aquellos frailes pobres del eremitorio salía todas las mañanas al pueblo en busca de limosna para su alimento.

   A veces, acudía dicho fraile franciscano al monasterio agustiniano de la Santa Cruz, donde era recibido como un hermano queridísimo por el amable hospedero de la Abadía. Aquel  fraile menor tan pobre, tan humilde, tan abnegado y sacrificado subyugó a nuestro Santo paduano. Aquella vida evangélica de altísima pobreza  que vivían los hijos de San Francisco de Asís le arrastró con vehemencia y creó en su alma el deseo de ser también él un hijo pobre del "Pobrecillo de Asís".

Breve Meditación.

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